viernes, 7 de enero de 2011

Chan Chan

Llueve en Madrid. Lo que me faltaba.
No sé muy bien qué hago aquí. Estoy en una ciudad que debe tener unos seis millones de habitantes más o menos y me siento más sólo que en mi pueblo de cinco personas. Desgraciadamente el tipo de soledad es muy distinta. La soledad en Carrascal la recuerdo como una sensación muy placentera, próxima al clímax.
Recuerdo cómo es el invierno en mi tierra, con la nieve dejando suavidad y eliminando las líneas rectas y las aristas, siempre tan aburridas. El otoño y el manto marrón de hojas de catalpa. El verano de las noches de insomnio y estrelladas. Y la primavera y ese olor mezcla de lluvia y de los cerezos en flor.
Aquí a 400Km también llueve. Bebo Valdés no para de sonar. En el teléfono de la esperanza sólo se escuchan los tonos de espera. Nadie coge el teléfono.
A veces se está menos sólo cuando no tienes a nadie a quien llamar.

1 comentario:

  1. Sales de casa corriendo. Dejas atrás todo y a todos, no sabes por qué corres tan rápido y huyes tan lejos.
    Sólo el camino te responderá a la pregunta de por qué te fuiste, y sólo al llegar al final de ese camino habrás llegado a casa, de nuevo.

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